Hace un año, cuando las familias se reunían para los asados y fuegos artificiales del Cuatro de Julio, Donald Trump firmó la llamada “Big Beautiful Bill”. En un día destinado a celebrar nuestra libertad, esta ley privó a los trabajadores de su libertad al meterse en sus ya ajustados bolsillos para pagar recortes de impuestos a los multimillonarios.
El daño es real. El costo de necesidades básicas como la gasolina y los alimentos está asfixiando a las familias obreras. Y ahora, el costo de la atención médica y los servicios públicos también está aumentando. Mientras tanto, los servicios públicos de los que dependemos en momentos de crisis están siendo recortados.
Más de 3.5 millones de personas han perdido la asistencia alimentaria, incluidos 770,000 niños. Un millón menos de personas tienen seguro médico a través de la Ley de Cuidado de Salud Asequible, y más de 446 hospitales están en riesgo de cerrar.
Esto es solo el comienzo. Algunos de los recortes de la ley entraron en vigor de inmediato, mientras que los cambios y recortes extremos a Medicaid, por ejemplo, no ocurrirán hasta después de noviembre de este año. Pero las familias obreras ya están sintiendo su impacto.
Uno siente el impacto cuando se pregunta si paga la factura de energía o el alquiler, porque no siempre puede hacer ambas cosas. Uno lo siente cuando ve cómo suben las primas de su seguro médico mientras la clínica de su vecindario reduce su horario.
Los miembros de AFSCME también lo sienten en el trabajo, cuando hablan con las familias y tienen que decirles que las nuevas políticas significan que perderán la asistencia alimentaria, Medicaid y otros apoyos vitales. Se siente cuando los salarios bajos provocan una alta rotación de personal, y nos vemos obligados a trabajar horas extras obligatorias. Y se siente cuando los estados, ciudades y pueblos dicen que no tienen los recursos para compensarnos justamente por nuestro trabajo o para invertir en nuestras escuelas, hospitales y carreteras.
Cuando le preguntaron recientemente si nuestra situación financiera influye en su toma de decisiones, la respuesta del presidente Trump fue inequívoca: “No pienso en la situación financiera de los estadounidenses, no pienso en nadie.”
Esa es su filosofía de gobierno. También debería ser un llamado a la acción a nivel nacional para que las familias trabajadoras se organicen y exijan más.
El movimiento obrero es la forma en que los trabajadores siempre han afirmado que no somos espectadores en nuestras propias vidas. Que tenemos una voz, un voto y el poder de impulsar el cambio.
A pesar de los desafíos que enfrentamos, los miembros de AFSCME continúan ganando voz en el trabajo y contratos sólidos que mejoran sus vidas y sus comunidades. A nivel estatal y local, nos estamos movilizando para proteger los servicios públicos. Ahora es nuestro momento de demostrarles a quienes buscan explotarnos que nunca nos rendiremos, y que en noviembre haremos responsables a los políticos antiobreros detrás de la llamada “Big Beautiful Bill”.
Cuando nos mantenemos unidos, decidimos cómo será nuestro futuro colectivo.
Si ha sentido el peso de este último año, en su cheque de pago, en su comunidad, en el trabajo que hace cada día, queremos saberlo. Su historia es nuestro poder. Compártala aquí.


